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5/3/13

Una mañana...

Una mañana nublada me levanto sin esperar nada especial, todo el mundo parece ocupado y yo me siento despreocupado. Cojo mis cosas y sin rumbo fijo, tomo la primera carretera que me parece y el desvío que me apetece. hasta que veo uno de esos carteles marrones que señalan lugares singulares. Aguarales de Valpalmas, había oído hablar de ellos, voy par allá.

El paso de los milenios ha esculpido un paisaje de ciencia ficción.

Seguía nublado y cuando llegué a la carretera le puse un poquito de ritmo a la marcha para despabilarme, hacía mucho tiempo que no rodaba por allí.

Otro desvío en Ardisa me lleva a un alto donde se sitúa la ermita de San Vicente, se domina una ruta que roza el este de Las Cinco Villas que recorremos casi siempre que nos acercamos al Pirineo.


Está restaurada y según cuentan fué la iglesia parroquial de un pueblo ya desaparecido que se encontraba a su alrededor, del que no queda ni rastro. Desde allí salen varios caminos, elijo uno que señala Sierra Carbonera.

 Aquí, en vista de que la tierra esta pasando del tempero a algo más deslizante, decido bajar las presiones de las gomas. (gran invento el sistema indicador de presión de BMW)

Como siempre sin GPS, en este caso sin mapas tampoco, los caminos de la sierra forman laberinto, pistas a la derecha, pistas a la izquierda, unas suben otras bajan, algunas parecen haber sido más transitadas, otras intransitables a primera vista... Algún casón en ruinas, bosque y barro. Es el momento en que la soledad causa la meditación, y como un efecto hipnótico haces kilómetros y kilómetros con la sensación de estar en el mismo sitio.

Siempre tomando las pistas descendentes para intentar llegar a algún lugar habitado lo antes posible, porque amenazaba lluvia sobre mojado y era previsible meterme en algun barrizal en solitario, me encuentro como colofón a esta experiencia mística off road, la iglesia de San Juan Barto, otra iglesia de otro pueblo desaparecido, al parecer fundado por caballeros franceses allá por el siglo XII.

Y me adentro...

Esto ya era demasiado!. El colmo de los trances espirituales,el silencio, la soledad...

Y las ruinas de lo que hace muchos siglos fué un templo de una población escondida en la sierra,

Recorriendo la iglesia por su interior, perdí un poco la noción del tiempo hasta que asomándose por un muro derruido volví a ver la máquina esprerándome, seguía amenazando lluvia y decidí retomar el camino, siempre para adelante para volver al siglo XXI.

El camino ahora está totalmente engravillado, casi lo agradezco, ya pueden caer chuzos de punta que no me quedaré atascado, pero no, el cielo plomizo retiene su agua. El Gállego, que me encuentro a la izquierda, baja caudaloso y rápido, voy en buena dirección, llegaré de nuevo a Ardisa.
 

Aquí hay pueblo, iglesia y bar como Dios manda, donde me tomé una cerveza de esas que saben a recompensa.
 
  
Una mañana nublada me levanté sin esperar nada especial...











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